Merry Casanova
hace 3 semanas
Te cuento cómo entiendo yo la ansiedad desde la psicoterapia humanista y relacional integrativa, que es el enfoque con el que trabajo. Es una mirada distinta a la de «tienes un trastorno y hay que eliminarlo».
Desde este enfoque, los problemas psicológicos no se ven como algo roto que llevas dentro, sino como parte del esfuerzo global de una persona por adaptarse a lo que la vida le ha puesto delante: exigencias, pérdidas, experiencias difíciles, relaciones que se rompen, normas rígidas que aprendimos de otros, o la propia incertidumbre de vivir.
Por eso, cuando alguien llega con ansiedad, no me pregunto solo «¿cómo se la quito?». Me pregunto: ¿qué está intentando decirte? ¿De qué te protege? ¿Qué te pide que mires?
Incluso un comportamiento que te perjudica puede ser, aunque resulte contraproducente, una expresión de tu deseo de estar mejor y de crecer. Tu ansiedad no es tu enemiga, aunque sea muy incómoda.
Me gusta mucho una idea que recoge la tradición humanista: lo que todavía no tiene nombre no está disponible para que lo integremos de forma consciente. Mucha ansiedad es justo eso, una sensación difusa, un malestar sin palabras que te invade sin que sepas bien de qué va.
Por eso la palabra es tan importante en terapia. No para dar vueltas a lo mismo, sino para poder decir: «esto es miedo», «esto es rabia que no me permito», «esto es tristeza que llevo años aguantando». Poner nombre es el primer paso para dejar de ser arrastrada por algo que no entiendes. Y para que esa palabra sane, necesita ser escuchada de verdad, no solo oída, en un clima de silencio y calma donde por fin puedas distinguir tus propias voces entre tanto ruido.
Rollo May, uno de los grandes referentes de la psicología humanista y existencial, distinguía entre la angustia neurótica y la angustia existencial. La primera suele estar ligada a patrones que aprendimos y que ya no nos sirven. La segunda aparece porque somos seres libres que tienen que elegir, que saben que la vida es finita y que no tienen todas las respuestas.
Ante ciertas decisiones importantes (cambiar de trabajo, terminar una relación, tener hijos, asumir quién eres de verdad), sentir ansiedad no significa que algo vaya mal. A veces significa que estás ante algo que importa. Entenderlo cambia mucho el trabajo: no se trata de anestesiar la angustia, sino de comprender qué te está señalando.
Richard Erskine, referente de la psicoterapia integrativa y relacional, explica algo que me ayuda muchísimo en consulta. Los seres humanos necesitamos estabilidad: saber qué va a pasar, tener continuidad, sentir que podemos predecir nuestra vida. Esa necesidad de equilibrio es poderosa.
Pero también tenemos un impulso interno hacia el crecimiento, hacia hacer algo nuevo y ser más nosotros mismos. Las dos fuerzas tiran en direcciones opuestas, y la ansiedad suele aparecer justo en esa tensión: cuando la vida, o tú misma, empuja hacia un cambio y una parte de ti se agarra a lo conocido para no perder el equilibrio.
Eso explica por qué el «tienes que cambiar» casi nunca funciona: cuanto más nos presionamos, más se aferra esa parte que busca seguridad. Y explica también por qué los patrones que hoy te agobian, como la autoexigencia, el control, la necesidad de agradar o la preocupación constante, suelen cumplir una función: regularte, protegerte del estrés, orientarte en las relaciones o distraerte de algo más doloroso.
En la preocupación habitual, por ejemplo, suele haber una especie de esperanza escondida: la de protegerse del golpe si algo sale mal. Antes de soltar esos patrones, necesitas entender para qué te han servido. Y ese cambio casi siempre llega poco a poco.
Hay una imagen que me gusta para explicar el trabajo terapéutico. Todos nos hacemos un mapa mental y emocional de nuestra vida, y a veces ese mapa ya no coincide con el territorio real. Seguimos caminando con un plano antiguo, hecho cuando éramos más pequeños o vivíamos en otras circunstancias, y la ansiedad salta como alarma cada vez que el terreno no encaja con lo que esperábamos.
En terapia me coloco a tu lado, como quien acompaña a explorar un territorio y sus fronteras, para que puedas ir redibujando un mapa que te permita caminar con más seguridad por tu vida de ahora. La propia palabra «terapia» viene de un verbo griego que significa algo así como acompañar cuidando.
La psicoterapia humanista da mucha importancia al cuerpo. La experiencia se siente corporalmente antes de que podamos ponerle palabras, y el cuerpo es un buen sitio al que volver para saber qué nos pasa de verdad.
Por eso en consulta no me quedo solo en contar y analizar. Podemos prestar atención a dónde sientes la ansiedad, cómo respira tu cuerpo cuando aparece, qué emoción hay debajo (miedo, rabia, tristeza, vergüenza). Esa pregunta sencilla, «¿de qué me estoy dando cuenta ahora mismo?», abre muchas puertas. Las emociones no son un problema que haya que apagar: son información y, bien acompañadas, un motor de cambio.
Una parte del camino consiste en aprender a no paralizarte por miedo al dolor. Hay dolores inevitables en la vida: duelos, pérdidas, decisiones que implican renunciar a algo. Pero una cosa es sentir ese dolor y otra distinta es que se convierta en un sufrimiento que lo invade todo.
Mucha ansiedad nace de huir de ese dolor, y huir cuesta mucha energía. Aprender a quedarte con lo que sientes, con apoyo y sin prisa, suele devolver más tranquilidad de la que parecía posible.
Mucha ansiedad nace en las relaciones, del miedo a no ser suficiente, a ser rechazada, a quedarte sola o a decepcionar. Y también se alivia en relación. La investigación en psicoterapia lleva décadas mostrando que el vínculo entre terapeuta y cliente es uno de los factores que más pesa en los resultados.
Por eso mi primera tarea no es aplicarte una técnica, sino ofrecerte un espacio seguro donde puedas sentirte comprendida y aceptada tal como eres, incluida tu ansiedad. A veces hace falta experimentar una soledad acompañada, esa de la que no tienes que escapar porque alguien está contigo. Entiendo la terapia como un encuentro entre dos esperanzas: la tuya, de vivir con más calma, y la mía, de acompañarte en ese deseo.
No busco que te quedes sin ansiedad como quien apaga un interruptor. Busco ayudarte a elegir con más libertad, a conocerte mejor, a darle sentido a lo que vives y a notar, poco a poco, una paz más estable y coherente con tu vida. Cuando uno tiene un porqué, soporta mucho mejor casi cualquier cómo.
Todo esto no significa que haya que aguantar siempre ni que la medicación no tenga lugar. Si tu ansiedad es muy intensa, te bloquea el día a día o tienes ataques de pánico, es importante que lo valores también con tu médico o psiquiatra. Yo te informo, te acompaño en esa decisión y respeto que la tomes tú. Lo que sí creo es que, si solo se silencia el síntoma, se pierde la oportunidad de entender qué estaba diciendo.
Si llevas tiempo luchando contra tu ansiedad y sientes que no avanzas, quizá no necesites pelear más fuerte, sino cambiar la pregunta: de «¿cómo me la quito?» a «¿qué me está contando?».
Si te apetece explorarlo conmigo, escríbeme. Podemos empezar con una primera sesión para conocernos, sin compromiso y a tu ritmo.
hace 3 semanas
He estado tiempo en terapia con Sara y sus metodologías han sido clave para mi recuperación. Sara hace un acompañamiento cercano en casa sesión, centrándose en la problemática, buscando la raíz y trabajando sobre ella. Recomendaría como terapeuta a Sara a cualquiera que se esté planteando comenzar un proceso de terapia. Un abrazo Sara, y gracias por todo! Lorena
hace 4 semanas
Cuando leí en su página web sobre ella, supe que iba a conectar y así fue desde el minuto 0. Me sentí como en casa, el lugar transmite mucha calma con sus plantitas, el sofá, la luz… volveré Sara🥰😘
hace 4 meses
hace 5 meses
Sara ha estado acompañándome durante dos años y no puedo estar más que agradecida por su trabajo. Es una gran profesional que sabe escuchar y darte las herramientas necesarias para avanzar.
hace 9 meses
Sara tiene una gran capacidad para crear un espacio seguro, donde lo difícil puede ser mirado con cuidado y sin prisas. Su trabajo es serio, sensible y muy humano, y eso se nota en cómo sostiene los procesos terapéuticos. Recomendaría su acompañamiento con total confianza, tanto a nivel personal como profesional.
hace 10 meses
Hace un tiempo que empecé a hacer terapia con Sara y es una maravilla tenerla a mi lado. Sabe qué preguntar para llegar a la raíz de los problemas que generan conflicto o malestar y te ofrece herramientas y teoría para que tú mismo puedas mejorar y evolucionar. Te ayuda a conocerte mejor, a un nivel que te sorprende. Y todo ésto acompañándote con amabilidad, cariño, paciencia y una comunicación de diez.
hace 11 meses
Sara es una gran profesional, capaz de generar espacios seguros y darte las herramientas correctas para poder avanzar. Me siento afortunada por habérmela encontrado.
hace 11 meses
Escribir a Sara fue la mejor decisión que pude tomar. Con su ayuda he conseguido recuperarme cuando pensé que no sería capaz de hacerlo. Muchísimas gracias por todo Sara, a pesar de las circunstancias que me llevaron a ti, me alegro muchísimo de haberte encontrado en el camino.
hace 11 meses
Muy agradecida por escuchar mis preocupaciones y malestares… siempre me hace sentir cómoda en cada sesión. Es una buena profesional. Gracias
hace 2 años
Sara es brutal! Ha sido una suerte coincidir con ella. Gracias por todo
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